Revista Medical's Nro. 10 / ECONOMIA << volver


Crisis mundial vs. crisis nacional .Despegue económico, una decisión política.
Por Alfredo P. Goijman - Periodista especializado en Economía.

La  Argentina ha desperdiciado  tradicionalmente en los últimos 50 años todos los "trenes" de bonanza que pasaron por la geografía económica de nuestro país. Esporádicamente, se han disfrutado las mieles de los "vientos de cola" que generan los ciclos expansivos de las economías, pero los gobiernos no los han sabido aprovechar para consolidar las posibilidades de un país que lo tiene todo: grandes extensiones  de territorio, diversos climas, un aceptable nivel educativo de su población, y una cultura del trabajo que aún persiste en la mayoría de la gente, a pesar de que también este aspecto se lo ha intentado  desmantelar,  a través de diversas formas de destrucción de empleo (a propósito o sin desearlo) y también con dádivas, eufemísticamente llamadas "planes trabajar", usados además para ejercer cada vez con mayor precisión el "clientelismo" político.
Y todo esto, sin contar con que las sucesivas adminis- traciones han "desactivado" otro concepto básico para el crecimiento y el desarrollo de toda nación: el concep- to del ahorro. Hoy las familias argentinas se están endeudando menos para pagar las cuotas atrasadas, y muchas prevén que cuando queden "en cero (deuda) comenzarán a guardar".  Léase "ya aprendimos: dos veces no nos agarran con los espejitos de colores".
Trabajo y ahorro, dos términos que hicieron grandes a países como Japón o Alemania, dos de los países econó- micamente más importantes de la Tierra, a pesar de haber soportado guerras, con bombas nucleares incluídas.
La Argentina, que alguna vez antes de 1930 se situó en el octavo lugar entre los primeros países del mundo, hoy tiene dentro de esta crisis global una situación espe- cial. En principio, no resultó  tan afectada porque de hecho, hacía varios años que nuestro país no disponía del crédito internacional. Y en los últimos tiempos  ha debido llegar por ese motivo, a extremos de estatizar la jubilación privada para fondearse.
También se ha "separado" del mundo al no haber reco- nocido sus deudas, y criticado al Fondo Monetario In- ternacional (a veces con razón, otras sin ella), mientras ya reanudaron gestiones informales para volver a "calificar" para la obtención de préstamos aunque en distintas con- diciones a las habitualmente establecidas por el organis- mo multilateral de crédito.
Resulta prematuro establecer, después del daño causa- do por la crisis en las economías de Europa y los Estados Unidos, si se ha tocado fondo y hay un rebote, o si el tsu- nami financiero seguirá golpeando los mercados.
Pero en ese sentido, en la Argentina hay mucho por hacer. Mientras se habla acerca de si los mercados mun- diales seguirán cayendo o inician lentamente su recupera- ción, resulta interesante establecer si la Argentina puede aprovechar la actual situación y poner en orden su econo- mía, o mejor aún, su política económica.
Un buen comienzo implicaría restablecer la confianza en el INDEC a través de un llamado a concurso para cubrir los puestos clave y munirlos con técnicos idóneos, y con independencia del poder político. Porque los hechos demostraron que el "paciente" siguió teniendo fiebre, a pesar de haber roto el termómetro.
Tal medida, además de repensar lo que ya muchos cali- fican como una campaña de "demonización"  de las empresas privadas por parte del Estado, generaría mayor confianza, lo que podría traducirse en un nuevo ingreso de capitales de inversión a la Argentina.
También, y como un gesto de concordia en nuestro país, podría retomarse el diálogo racional con el campo, sector con el cual continúa (ahora fuera de las tapas de los dia- rios) una confrontación sórdida pero absolutamente esteril e innecesaria. Este sector, uno de los más modernos y competitivos de la economía argentina, con mayor pro- ducción, más y mejor, mayor consumo, y mayores expor- taciones y en consecuencia más divisas, podría amorti- guar la crisis local que vive hoy la Argentina.
Por otra parte, el director del Banco Central Carlos Pérez (tal vez el más cercano colaborador del presidente de la autoridad monetaria, Martín Redrado), sostuvo días atrás que no se prevé ninguna modificación de la política cambiaria, ni antes ni después del 28 de junio.
Además, se está evidenciando ya una agresiva recom- pra de títulos públicos que permitiría al Gobierno achicar pagos en unos 1200 millones de dólares, en tanto que un informe reveló en los últimos días que casi el 40 por cien- to de los principales papeles de deuda que vencen este año, como el Boden 2012 y el cupón atado a PBI, se encontrarían en manos del Gobierno, directamente o a través de compañías recientemente estatizadas o mixtas.
Resta ahora establecer un nivel de presión tributaria más moderado, tendiente a lograr que, por un lado, el Gobierno pueda solventar sus gastos (aumentados a nive- les alarmantes en lo que va de 2009) pero, por el otro, reducir la intensa presión impositiva a los contribuyentes, situación que genera por un lado mayor morosidad, y a la vez una desaceleración  en el consumo  aún mayor, cuando en la mayoría de los países del mundo los gobier- nos están intentando lograr justamente lo contrario: bajar la presión impositiva y reactivar la economía a través del consumo.
Según distintos técnicos consultados, el costo de estas medidas oscilaría en los 10.000 millones de dólares, un número nada despreciable, pero que podría poner nueva- mente en marcha la economía argentina, si es que se insu- fla esa cantidad de dinero, más las medidas de reactiva- ción mencionadas y se logra bajar el gasto público a nive- les "racionales".
En tanto no se aborden esas medidas, la Argentina va desde la actual recesión que padece (dos trimestres con- secutivos de caída de la economía), hacia la "estanfla- ción", esto es, estancamiento con inflación, con conse- cuencias imprevisibles.

La actual situación no es para nada fácil, pero abre un abanico de posibilidades que bien podrían ser aprovecha- das por el país, si es que existe la decisión política del Gobierno de adoptar las medidas necesarias, para que no tengamos la sensación de haber perdido otro tren en nues- tro camino hacia un futuro próspero para nosotros, y para quienes nos seguirán.

 



 
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